La reproducción es una de las características
más importantes de los seres vivos, ya que esta función
es indispensable para asegurar la descendencia y supervivencia
de las especies. En la pareja humana (durante la edad reproductiva),
la práctica de coitos regulares y sin el uso de métodos
anticonceptivos, generalmente posibilitará la gestación
durante el primer año de iniciadas las relaciones sexuales
de la pareja. La mayoría (50% - 60%) fecundará en
el curso de los tres primeros meses y el 80% lo habrá conseguido
antes del año. Se estima que un 10% adicional de casos
se embarazarán en el curso del segundo año. En
consecuencia: entre el 10% y el 15% de las parejas que desean
el embarazo, son involuntariamente infértiles.
La historia
ha mostrado siempre a la mujer como la responsable única
de la procreación humana, pues cuanto se sabía sobre
el embarazo sucedía en ella. Pero este reconocimiento como “fuente
de vida” también le transfirió todo el peso
de “la culpa” cuando la gestación no se lograba.
Así, el varón permaneció ajeno a la problemática
de la infertilidad durante milenios hasta el siglo XVII con el
descubrimiento de los espermatozoides humanos (1677) y su relación
con la procreación.
La Organización Mundial de la
Salud (OMS) define a la infertilidad humana como “la falta
de embarazo luego de 12 meses de relaciones sexuales sin protección” y
estima que el 8% de las parejas experimentan algún problema
de infertilidad durante su vida fértil. Una investigación
dirigida por la OMS (en más de 10.000 parejas infértiles)
registró los
siguientes índices de responsabilidad en parejas infértiles:
- Causa
masculina 33%
- Causa femenina 25%
- Causa compartida 20%
- Causa no determinada 15%
En la actualidad, se considera que el hombre y la mujer comparten
la responsabilidad de la “procreación” y también
la “infertilidad conyugal” por partes iguales. Sin
embargo aún existen prejuicios culturales que postergan
y condicionan las evaluaciones del varón sólo en
ausencia de factores etiológicos de infertilidad en la
mujer.
CAUSAS DE INFERTILIDAD MASCULINA
Las patologías responsables de infertilidad masculina
son numerosas y de variadas causas:
a) congénitas (desde el nacimiento),
b) adquiridas a lo largo de la vida
c) desconocidas (30% - 50% de los casos).
Por otro lado, las causas de infertilidad masculina se pueden
agrupar en aquellas que se originan por problemas en los estímulos
hormonales (pre-testiculares), las producidas por alteraciones
propias de la función de los testículos (testiculares)
y las que se deben a fallas en el sistema que se encarga de la
eliminación del semen (post-testiculares).
PATALOGIAS PRE-TESTICULARES
Los factores hormonales o endocrinos son los menos frecuentes
y afectan entre el 1% y el 3% de los varones con infertilidad.
En todos los casos, la alteración en la producción
de los espermatozoides se debe a una falla del estímulo
hormonal al testículo.
PATOLOGIAS TESTICULARES
Este conjunto de enfermedades se caracteriza porque
el problema se encuentra en los testículos y representa el grupo más
numeroso de las causas responsables de infertilidad masculina
(50% y 60%).
El varicocele es la causal
más frecuente
de infertilidad masculina (40% al 50% de las consultas) y se
lo define como: la dilatación y alargamiento anormal de
las venas del cordón espermático (várices
del cordón espermático) que contiene las estructuras
que salen y llegan al testículo (arterias, venas, conducto
deferente, etc.)
La infertilidad masculina puede ser provocada
por factores genéticos
que afectan a la producción, la función y/o el
transporte de los espermatozoides:
El síndrome de Klinefelter es
una enfermedad que se presenta en 1 de cada 1000 hombres y es
la patología genética
más frecuente dentro de este grupo en la cual se produce
una alteración en el número de los cromosomas (estructuras
que contienen la información genética) sexuales.
Generalmente estos pacientes presentan ausencia de espermatozoides
(azoospermia) o una disminución muy severa del número
de los mismos (oligospermia severa) y raramente logran la paternidad
por medios naturales.
Las criptorquidias unilaterales o bilaterales,
son patologías
relativamente frecuentes que involucran al 0,8% de los niños,
después del primer año de vida, y muchos de ellos
tendrán trastornos de fertilidad en la edad adulta. Los
varones con criptorquidia unilateral no tratada, presentan ausencia
de espermatozoides (azoospermia) o una disminución muy
severa del número de los mismos (oligospermia severa)
en el 50% al 70% de los casos y la mayoría de los hombres
con criptorquidias bilaterales tendrán ausencia de espermatozoides
(azoospermia).
Algunas sustancias químicas y ocupaciones
laborales son señaladas como causas responsables de la
infertilidad masculina:
1. Tratamientos con anabólicos,
corticoides, antiandrógenos, estrógenos,
etc.
2. Consumo prolongado de cimetidina, sulfasalazina, nitrofurantoína,
colchicina, etc.
3. Permanencia prolongada en ambientes calurosos (panaderos, hornos de
cerámicos,
baños turcos, etc.). El aumento de la temperatura a nivel de los testículos
produce un deterioro temporario en la movilidad de los espermatozoides.
4. Exposición en exceso a las radiaciones ionizantes (radiólogos,
en plantas nucleares).
5. Exceso de consumo de tabaco, alcohol y drogas de uso tóxico.
6. Tratamientos oncológicos con radioterapia y quimioterapia.
Las
infecciones de la vía urinaria y las enfermedades de transmisión
sexual pueden alterar la fertilidad masculina al causar enfermedades
inflamatorias que obstruyen el sistema de conductos que atraviesan
los espermatozoides para ser expulsados en el momento del coito.
La
orquitis urliana (paperas), aunque poco frecuente, todavía
se observa en varones adolescentes, y se asocia con las secuelas
de atrofia testicular unilateral o bilateral.
Los traumatismos testiculares y la torsión del
cordón espermático
con infarto testicular pueden provocar daño testicular severo y consecuente
infertilidad masculina.
PATOLOGÍAS POST-TESTICULARES O DE LOS CONDUCTOS
(CANALICULARES):
La ausencia bilateral de las vías espermáticas
(ABVE) es un síndrome que afecta al 2% de los varones
que consultan por infertilidad. Las manifestaciones clínicas
más importantes son ausencia de espermatozoides en el
semen eyaculado (azoospermia) y poco volumen de eyaculado (hipospermia).
En este grupo de paciente habitualmente presentan ausencia palpatoria
de los conductos deferentes.
En algunos casos se ha comunicado
la asociación entre
la enfermedad de ABVE y la Fibrosis quística, que es la
enfermedad genética con mayor frecuencia en la población
general.
Las obstrucciones adquiridas de las vías excretoras,
pueden producirse en cualquiera de sus porciones (epidídimos,
conductos deferentes y conductos eyaculadores). Generalmente
son provocadas por procesos infecciosos, cirugías (de
las regiones inguinales, pélvicas y escrotales), traumatismos,
etc.
DIAGNÓSTICO Y EVALUACIÓN CLÍNICA
DEL VARÓN INFÉRTIL
Se estima que una de cada seis parejas en edad de procrear
tiene problemas de infertilidad. El hombre está involucrado
en el 50% de los casos y es responsable único en el 30%
de las veces. Por lo tanto la infertilidad conyugal requiere una
cuidadosa evaluación de ambos integrantes de la pareja.
La
historia clínica continúa siendo el mejor instrumento
para orientar el diagnóstico. El interrogatorio está dirigido
a investigar los antecedentes más significativos (infecciosos,
quirúrgicos, traumáticos, terapéuticos con
quimioterapia, radiaciones, hormonas, la sobre-exposición
a fuentes de calor, paperas, alteraciones en el descenso testicular,
etc.).
En el examen físico se evalúa el estado general
de los pacientes junto con las características de los genitales
a través de una minuciosa exploración del aparato
genital: testículos, epidídimos, conductos deferentes
y cordones espermáticos (contenido, tamaño, consistencia,
posición, sensibilidad, etc.).
ESTUDIOS DE LABORATORIO
Las evaluaciones de laboratorio en el hombre infértil
comienzan con el espermograma por ser el estudio más importante
para orientar sobre su capacidad fertilizante. Este estudio consiste
en un análisis microscópico del semen. La muestra
debe ser recogida en un ambiente adecuado (reservado), mediante
la masturbación y con un período de abstinencia
sexual entre 2 y 5 días. Los parámetros más
importantes a evaluar son:
PARAMETRO |
NORMALIDAD |
| Volumen o cantidad de semen |
más de 2 ml. |
| Ph (acidez) entre |
7,2 - 7,8 |
| Concentración de espermatozoides |
más de 20 millones/ml. |
| Cantidad total de espermatozoides |
más de 40 millones/en el eyaculado. |
| Movilidad |
> 50% móviles traslativos |
| Forma (Morfología) |
| OMS* |
> 30% formas normales |
| Kruger* |
> 14% formas normales |
Debido a la existencia de variaciones en los parámetros
que se evalúan en un espermograma en condiciones normales,
es recomendable solicitar no menos de 2 ó 3 estudios,
para poder establecer los valores promedio en cada paciente.
Por
otro lado, se pueden realizar determinaciones de los niveles
hormonales mediante la medición en un análisis
de sangre de los valores de las hormonas involucradas en el
control de la producción de espermatozoides (hormona
folículo
estimulante (FSH), luteinizante (LH), prolactina y testosterona).
La evaluación hormonal no es un estudio de rutina y
se lo solicita sólo en circunstancias especiales, particularmente
en los varones con alteraciones severas en el espermograma.
Las
evaluaciones genéticas son estudios muy selectivos
que se solicitan a los pacientes con sospechas de alteraciones
de los cromosomas o a los varones con azoospermia u oligospermia
severa que son posibles candidatos a procedimientos de fertilización
asistida con el objetivo de evitar la transmisión
de enfermedades potencialmente heredables.
Los análisis
inmunológicos para la detección
de anticuerpos antiespermáticos, son estudios de rutina
que se solicitan junto con el espermograma (Mar-test, Inmunobeads,
etc.).
En algunos pacientes infértiles con ausencia
de espermatozoides (azoospermia), puede ser necesario evaluar
el aparato canalicular (vía seminal o espermática)
para descartar algunos cuadros obstructivos de las vías
seminales, para lo cual se recurre a los procedimientos de
diagnóstico quirúrgico.
Durante el procedimiento
quirúrgico se pueden realizar
diversas evaluaciones. Por un lado se puede exteriorizar
el testículo
y realizar la exploración visual de los epidídimos
para evaluar posibles cuadros obstructivos y anomalías
congénitas. Luego se practican biopsias testiculares
para el análisis de las características del
tejido testicular y eventual recuperación de espermatozoides
para fertilización
asistida en caso de encontrarlos. En algunos casos es necesario
completar con la deferento-vesiculografía (estudio
radiológico
con contraste de las vías seminales: conductos deferentes,
eyaculadores y vesículas seminales) con el objetivo
de determinar el lugar de la obstrucción.
En los últimos
años, la incorporación de
la ecografía trans-rectal simplificó el diagnóstico
de algunas patologías de vías seminales (dilataciones,
ausencia de vesículas seminales y/o conductos eyaculadores).
TRATAMIENTOS DE INFERTILIDAD MASCULINA
La regla de oro aplicable para el tratamiento de cualquier
pareja infértil consiste en favorecer la concepción
por medios naturales, es decir a través del coito.
En el
caso de los varones, la clave para el tratamiento de la infertilidad
consiste en tratar de identificar la causa específica
del problema.
Los tratamiento farmacológicos específicos generalmente están dirigidos a los pacientes con deficiencias
hormonales y sus resultados frecuentemente son exitosos. En este
grupo también
se deben considerar algunos tratamientos médicos específicos
para la erradicación de las infecciones por medio de antibióticos,
y la disminución de los anticuerpos antiespermáticos
con corticoides.
Los tratamientos médicos empíricos consisten en administrar ciertos compuestos farmacológicos
para favorecer el proceso de producción de espermatozoides,
en hombres infértiles con valores hormonales normales.
Los más
conocidos son: El Tamoxifeno y Clomifeno, para incrementar la
producción y Kalicreina y Pentoxifilina para mejorar la
movilidad de los espermatozoides. Sin embargo, la evaluación
de los tratamientos empíricos en ensayos controlados no
demuestran ser efectivos para mejorar la fertilidad masculina.
Los tratamientos quirúrgicos están destinados a
reparar las obstrucciones de la vía seminal (aparato canalicular)
y a corregir algunas anomalías estructurales, tales como
el varicocele.
Las obstrucciones del epidídimo y del conducto
deferente cualquiera sea su origen pueden ser tratadas y corregidas
con microcirugía, técnica que puede ser útil
para reconstruir estas pequeñas estructuras tubulares.
Las
obstrucciones de los conductos eyaculadores (de etiología
congénita, infecciosa o iatrogénica) también
pueden ser tratadas mediante la resección endoscópica de la desembocadura de los mismos a nivel del segmento de la
uretra que atraviesa la próstata.
Cuando se agotan las
posibilidades terapéuticas y no se
consigue el embarazo, está indicado recurrir a la fertilización
asistida, que comprende:
a) La inseminación intra-uterina.
b) La fertilización “in vitro” FIV.
c) La inyección intra-citoplasmática
de espermatozoide ICSI La elección del método depende de las características
de cada pareja en particular.
En algunos casos las parejas
pueden elegir tratamientos sustitutivos y utilizar semen provisto
por un donante anónimo o proceder
a la adopción en lugar de intentar tener un hijo genéticamente
propio. |