Es uno de los tumores malignos más frecuente
en el hombre junto con el cáncer de pulmón. Es
raro antes de los cincuenta años y su porcentaje aumenta
con la edad.
El desarrollo y crecimiento de este tumor está influenciado
por la presencia de las hormonas masculinas, los andrógenos.
Hay un gran porcentaje de cánceres latentes, lo que
significa que pese a estar presentes no manifiestan agresividad
y se estima que los que se transforman en agresivos sólo
llegan al 1% de los existentes.
Tanto con fines pronósticos,
como de tratamiento, se dividen en cánceres localizados
y en cánceres
no localizados o avanzados. En los localizados, el proceso
se encuentra dentro de los límites de la glándula
prostática y para ellos se intentarán tratamientos
curativos. Como en los cánceres avanzados, el proceso
ha excedido los límites de la próstata sólo
podrán efectuarse tratamientos paliativos.
Síntomas
Cuando el cáncer de próstata está localizado,
generalmente no presenta ningún síntoma, pues
la mayoría crece en la zona periférica o externa
de la glándula, alejado de la uretra, por lo que estos
pacientes no padecen trastornos de micción, salvo
que el cáncer se desarrolle en un paciente que además
padezca una Hiperplasia Prostática Benigna (HPB),
condición
que es muy frecuente observar.
Cuando el proceso no esta
localizado o avanzado, muchas veces el diagnóstico
se efectúa por los síntomas
que genera el compromiso de otros órganos o estructuras,
siendo muy común la afección del sistema óseo
y principalmente de las vértebras de la columna lumbar.
Cuando estas metástasis se localizan en los huesos
largos (fémur, húmero, etc.), se pueden producir
fracturas espontáneas o por traumatismos leves. Por
otro lado la alteración de los órganos o estructuras
vecinas a la próstata pueden ser responsables de la
aparición
de síntomas.
Diagnóstico de cáncer de próstata
Hoy
en día se trata de efectuar un diagnóstico
precoz del cáncer de próstata, cuando todavía
está localizado dentro de los límites de la glándula,
pues es la única manera de ofrecerle al paciente un
tratamiento curativo. A esto llevan todas las campañas
y recomendaciones que se efectúan en hombres a partir
de los 50 años.
Se aconseja entonces que a partir de la edad mencionada,
los hombres concurran a una consulta con un médico urólogo
una vez por año.
El examen anual se basa en dos pilares:
1-Examen Dígito-Rectal (EDR) o Tacto Rectal.
2-La determinación del Antígeno Prostático
Específico (APE), más conocida por su sigla en
idioma inglés (PSA).
Estos dos estudios deben efectuarse
rutinariamente y de acuerdo a los resultados obtenidos puede
realizarse según el
caso una ecografía prostática trans-rectal y
biopsia prostática guiada por la ecografía o
eco-dirigida.
1-Examen Dígito Rectal o Tacto Rectal:
Es el más importante de todos los exámenes y
no ha perdido vigencia ni efectividad con el correr del tiempo
ni los descubrimientos científicos. Mediante el mismo
se puede evaluar el tamaño, forma, consistencia y fijeza
de la glándula prostática. Generalmente el cáncer
de próstata se presenta en este examen como una zona
dura deformada y fija. Ante cualquier duda o sospecha al realizar
el tacto rectal, el urólogo indicará una biopsia
prostática eco-dirigida que confirmará o no el
diagnóstico sospechado.
2-Antígeno Prostático Específico (APE)
o (PSA):
Es una proteína solamente producida por la glándula
prostática que forma parte del líquido seminal. Ésta,
tiene la función de licuar este líquido para
que los espermatozoides puedan progresar y así fecundar
al óvulo femenino. Hay pequeñas cantidades de
esta proteína que pasan a la circulación sanguínea
y pueden ser medidas en una muestra de sangre. Los valores
normales no deben pasar de 4 ng./ml. (nanogramos por mililitro).
Hay patologías prostáticas como las prostatitis
aguda y crónica, la hiperplasia prostática benigna
y el cáncer de próstata; que aumentan los valores
del PSA en sangre. Esto implica que el sólo aumento
de este valor no hace el diagnóstico de cáncer
de próstata, aunque a partir de los 10 ng./ml. y a medida
que estos valores sean mayores, la posibilidad que esta patología
sea la productora de su aumento es más cierta, más
aún cuando está acompañado de un tacto
rectal sospechoso.
Siempre que se vaya a medir el PSA en sangre
se recomienda dejar pasar 7 días después de haber
efectuado un tacto rectal o una ecografía prostática
trans-rectal o 48 horas luego de haber tenido actividad sexual,
pues las conductas descriptas pueden aumentar los valores del
PSA artificialmente.
Ecografía prostática trans-rectal y biopsia
de próstata
Cuando los valores de PSA y/o
el tacto rectal son anormales puede estar indicada la realización
de una biopsia de próstata.
Hacer una biopsia implica
tomar muestras de un determinado tejido para ser analizadas
por un médico patólogo
y poder determinar las características de dicho tejido.
Puntualmente consiste en estudiar al microscopio los tacos
(trozos) de glándula obtenidos a través de la
toma biopsia. El estudio histopatológico es el único
procedimiento que nos certifica o descarta la presencia de
un cáncer de próstata en el material remitido
al patólogo. En caso de diagnosticarse un cáncer
de próstata, el médico patólogo realizará la
evaluación del grado de agresividad del tumor, lo que
se denomina escala o puntuación de Gleason, que los
diferencia con una puntuación de 2 a 10, siendo 2 el
menos agresivo y 10 el de mayor agresividad.
A través
de la ecografía trans-rectal se realiza
la toma de muestra para biopsia. La ecografía permite
realizar un control de la aguja con la cual se toma la muestra
hacia el lugar elegido por el operador. Se pueden efectuar
6, 8, 10, 12, 14 y hasta 24 o más tomas. Los lugares
de donde se toman las muestras habitualmente están predeterminados
pero además se pueden efectuar muestras de las zonas
sospechosas encontradas por el tacto rectal o la ecografía.
A veces es determinante para averiguar si el proceso canceroso
está localizado en la glándula o si ha excedido
sus límites, hacer tomas biopsias de las vesículas
seminales o de zonas de la cápsula externa de la próstata.
Estadificación del cáncer de próstata
La
estadificación consiste en determinar si el cáncer
de próstata está localizado, confinado dentro
de los límites de la glándula o si los ha excedido.
Si
el cáncer está dentro de los límites
de la glándula se deberán intentar tratamientos
curativos, si los ha excedido, se deberán realizar tratamientos
paliativos.
Para determinar hasta donde llegó el proceso
hay que tener en cuenta cuáles son los lugares más
comunes hacia donde se propaga. Por un lado tenemos la diseminación
o progresión local que traspasa los límites de
la glándula invadiendo los órganos vecinos, como
las vesículas seminales, la vejiga, la porción
final del uréter cercana a la vejiga, etc. Esta condición
puede ser evaluada con una ecografía prostática
trans-rectal o con una Tomografía Computada (TC). También
puede existir progresión hacia los ganglios linfáticos
que pueden visualizarse por TC.
La diseminación más
común del cáncer
de próstata es hacia los huesos y para su investigación
se debe realizar un estudio que se denomina Centellograma Óseo
de cuerpo entero.
En función de los hallazgos de estos
estudios se determinara el tratamiento a aplicar.
TRATAMIENTO DE CANCER DE PROSTATA
El tratamiento del cáncer de próstata se divide
en dos grandes grupos:
- Tratamiento del cáncer de próstata
localizado u órgano confinado
- Tratamiento del cáncer
de próstata
avanzado.
Tratamiento del cáncer de próstata
localizado
El objetivo de éste es lograr la curación
del paciente.
En la actualidad, contamos con dos tipos de
tratamiento que tienen como objetivo y pueden ciertamente
curar la enfermedad. Uno es el tratamiento quirúrgico
conocido como Prostatectomía
Radical. El otro tratamiento curativo para el cáncer
de próstata es el tratamiento radiante o Radioterapia.
El
tratamiento quirúrgico consiste en la extirpación
de la glándula prostática y de las vesículas
seminales (Prostatovesiculectomía radical o prostatectomía
radical) debiendo posteriormente reconstruir la vía
urinaria uniendo la vejiga a la uretra remanente.
En la
actualidad, esta cirugía puede llevarse a cabo
de tres maneras diferentes: la primera a través
de la vía abdominal mediante una incisión
por debajo del ombligo; vía retropúbica;
la segunda a través
de una incisión transversal en el periné,
entre la bolsa escrotal y el ano, vía perineal y
la tercera, la vía laparoscópica, mediante
orificios que se realizan en la parte inferior del abdomen.
En
la actualidad la mas utilizada es la vía retropúbica.
Todas
las técnicas tienen sus ventajas y sus complicaciones.
La prostatectomía radical es una alternativa de
curación
para el cáncer de próstata y en la mayoría
de los casos, luego de la cirugía el paciente sólo
necesitará realizar un seguimiento para el control
de su enfermedad.
Con respecto a las
eventuales complicaciones de la cirugía,
podemos decir que independientemente de la vía utilizada
en todas ellas existe la posibilidad de impotencia sexual
y esto se debe a que muchas veces para poder extraer la
próstata,
es necesaria la sección de los nervios erectores
(encargados de regular la erección del pene) que
se ubican a los lados de la glándula prostática.
En casos seleccionados, estos nervios pueden preservarse.
Otra complicación
probable es la incontinencia de orina que se presenta en
una proporción mucho menor. Otro de los inconvenientes
del tratamiento quirúrgico del cáncer de
próstata
es la posibilidad del cierre o estrechamiento de la unión
que se realiza entre la vejiga y la uretra una vez que
se extrae la próstata. También se observa
en un porcentaje bajo de pacientes.
Con respecto al tratamiento
radiante o radioterapia en la actualidad existen dos métodos:
Por un lado tenemos la radiación
externa, y por el otro la radiación intersticial
o braquiterapia.
Para la aplicación de radiación
externa se pueden aplicar tres técnicas: la primera,
denominada radioterapia por acelerador lineal, en la cual
se realiza la irradiación
de la próstata y los tejidos vecinos. Es una técnica
antigua que no es conveniente utilizar pues al irradiar
toda la pelvis se producen complicaciones a largo plazo
como la cistitis rádica (por irradiación
de la vejiga) y la rectitis rádica (por irradiación
del recto) en un número importante de casos. La
posibilidad de aparición de disfunción sexual
e incontinencia de orina también es mayor que con
otros métodos.
La segunda alternativa de tratamiento
radiante es la denominada radioterapia tridimensional o
radioterapia 3D, que se realiza con el auxilio de un simulador
para localizar la glándula
prostática y de este modo lograr la focalización
de la radiación desde varias incidencias sólo
a nivel de la próstata con mínima irradiación
de los tejidos vecinos. Esta alternativa posee mínimas
complicaciones a largo plazo, aunque también al
igual que con las alternativas quirúrgicas, algunos
pacientes podrán desarrollar con el tiempo cierto
grado de disfunción
sexual y en menos casos aún se puede evidenciar
cierto grado de incontinencia de orina.
La tercer alternativa
de tratamiento radiante, llamada radioterapia de intensidad
modulada, es un tratamiento de última
generación que se aplica de manera similar que la
radioterapia 3D pero tiene la ventaja de aplicar menor
intensidad de rayos a los tejidos o estructuras vecinas
a la próstata y
por lo tanto menor posibilidad de desarrollar efectos adversos
(cistitis, rectitis, disfunción sexual, incontinencia
de orina, etc.).
La radiación intersticial o braquiterapia
se efectúa
mediante el implante de semillas radioactivas en la próstata.
Es un procedimiento que se realiza bajo anestesia y se
implantan semillas radioactivas en número variable
según
el caso, dentro del tejido prostático. Se efectúa
el control del procedimiento con ecografía.
Lo más
importante a tener en cuenta es que tanto la alternativa
quirúrgica como la radioterapia tienen la
capacidad de curar el cáncer de próstata
localizado. Los resultados y la posibilidad de aparición
de efectos adversos son comparables para ambas alternativas,
más
aún si se compara la prostatectomía radical
con la radioterapia 3D o la radioterapia de intensidad
modulada.
La elección de uno u otro tratamiento
depende entre otras cosas de las características
de cada caso en particular, de la elección del médico
y del paciente.
Tratamiento del cáncer
de próstata
avanzado
El cáncer de próstata y sus metástasis
progresan por la presencia de hormonas masculinas, los andrógenos,
que son producidos en su gran mayoría por los testículos
y una pequeña cantidad por las glándulas suprarrenales.
Para que los andrógenos se produzcan deben recibir un
estímulo de hormonas provenientes de la hipófisis
que es una pequeña glándula cercana al cerebro.
Todos
los tratamientos del cáncer de próstata
no localizado o avanzado se efectúan mediante la supresión
de la producción de andrógenos o bloqueando el
sitio donde estas hormonas actúan. Esto se consigue
por tratamientos medicamentosos o quirúrgicos.
Los tratamientos
medicamentosos suprimen la producción
de hormonas a nivel de la hipófisis con el objeto de
evitar la producción de andrógenos en los testículos.
Dentro de los medicamentos utilizados actualmente, se encuentran
las inyecciones de depósito aplicables cada 30, 60 o
90 días.
Existen otros tipos de medicamentos que se
administran vía oral, generalmente en combinación
con los anteriores que bloquean el lugar donde actúan
los andrógenos.
El tratamiento quirúrgico del
cáncer de próstata
avanzado consiste en la orquiectomía bilateral. Esto
es la ablación de ambos testículos. De este modo
se evita la producción de andrógenos por parte
del testículo.
La diferencia fundamental entre el tratamiento
farmacológico
y el quirúrgico es evitarle al paciente un tratamiento
quirúrgico que en ciertos casos puede repercutir negativamente
desde el punto de vista psicológico, tal como sucede
en muchos casos luego de la orquiectomía.
Además de estos tratamientos que son específicos
deben tratarse simultáneamente las complicaciones que
vayan surgiendo con el avance de la enfermedad.
Seguimiento
El seguimiento del cáncer de próstata, ya sea
localizado o avanzado, se lleva a cabo fundamentalmente a través
de la medición de los niveles de PSA que permite evaluar
la respuesta a los diferentes tratamientos. |