La Hiperplasia Prostática Benigna (HPB), también
denominada adenoma de próstata es un tumor benigno de
la glándula prostática que habitualmente comienza
a desarrollarse a partir de la cuarta década de la vida,
aumentando su incidencia con el aumento de la edad del hombre.
Más del 20% de los sujetos mayores de 50 años
necesitan tratamiento por presentar trastornos de la micción.
El
adenoma de la próstata es un agrandamiento de la
glándula que se origina en la denominada zona de transición
de la próstata, zona que rodea la uretra a nivel de
la próstata, por debajo del cuello vesical, situación
que origina diversos trastornos miccionales. La edad y la
presencia de hormonas masculinas son factores esenciales
para la aparición
de esta patología.
El adenoma de la próstata
está compuesto por
fibras musculares que se contraen por estímulos nerviosos,
situación que genera un aumento de los trastornos
miccionales.
En las primeras etapas de la patología,
la obstrucción
está compensada por el aumento de la presión
de la vejiga, debido al desarrollo de la musculatura de su
pared. En una segunda etapa, la vejiga es vencida por la
obstrucción,
se dilata y comienza a quedar orina residual en la vejiga
luego de orinar (residuo postmiccional) pudiendo llegar en
casos extremos a 1.000, 1.500 cm3. Esta dilatación
de la vejiga con acumulación de orina en su interior
trae aparejado procesos infecciosos, formación de
cálculos,
formación de divertículos vesicales, dilatación
del árbol urinario superior (uréteres y riñones),
llegándose en casos extremos a una insuficiencia renal
crónica secundaria a la obstrucción que requiere
tratamiento de diálisis.
Síntomas
La síntomas típicos
de esta enfermedad son el retardo en la iniciación de
la micción,
chorro de orina fino, falta de fuerza, goteo de orina luego
de la micción, y también de síntomas
como aumento del número de micciones diurnas pero
principalmente nocturnas, urgencia miccional, etc. Muchas
veces se produce una retención aguda de orina
(RAO) que es al imposibilidad de orinar acompañada
de intenso dolor en el hipogastrio (bajo vientre). Esta
urgencia puede darse
como primera manifestación de la HPB o cuando el paciente
ya está recibiendo algún tratamiento.
Para
solucionar la retención aguda de orina se debe
colocar una sonda vesical a través de la uretra
para evacuar la orina acumulada en la vejiga. La retención
aguda de orina puede estar originada por viaje prolongado,
sin haber orinado periódicamente, por la ingesta
de irritantes prostáticos (picantes, café,
mate, etc.) y también por la ingesta de algún
tipo de medicamentos o de alcohol.
La obstrucción
urinaria producida por la HPB depende tanto del tamaño
como de la forma que adquiere el adenoma.
Diagnóstico
El diagnóstico de este proceso patológico se
basa en:
- El Examen Dígito Rectal (EDR) o tacto rectal
que nos informa sobre el tamaño, forma, consistencia,
sensibilidad y fijeza de la glándula.
- La ecografía
vésico-prostática realizada
por vía abdominal nos informa sobre el tamaño
y la forma que adquirió la glándula en su
crecimiento patológico, pero además si existe
residuo de orina luego de orinar (residuo postmiccional).
También
nos indicará la existencia de cálculos vesicales,
divertículos vesicales y si además realizamos
una ecografía renal conoceremos el estado de los
riñones.
De ser necesario un análisis mas exhaustivo de la
estructura de la glándula prostática se efectuará una
ecografía prostática por vía transrectal.
- La
determinación del Antígeno Prostático
Específico (APE), más conocido por su sigla
en inglés (PSA). Si el PSA está aumentado
tendremos que descartar la existencia de un cáncer
de próstata
asociado.
- La flujometría, es un estudio en el cual
se mide el flujo de orina. El paciente debe orinar y a
través
de un programa se realizará una curva de flujo en
función
del volumen de orina emitido y el tiempo miccional. La
flujometría
es un indicador indirecto del grado de obstrucción
generado por el adenoma.
En algunos casos pueden realizarse
otros estudios alternativos como la cistoscopia, la uretrocistografía
o un estudio urodinámico. Tratamiento
El tratamiento de esta patología puede ser medicamentoso o quirúrgico.
En el tratamiento medicamentoso se utilizan una serie de sustancias de origen vegetal que actuarían como descongestivos de la glándula prostática (pygeum africanum, serenoa repens, etc.). Muchos pacientes mejoran su sintomatología fundamentalmente las de origen irritativo. Otro tipo de medicamentos, los de última generación, son los alfabloqueantes que actuarían disminuyendo la contracción, el tono muscular y la presión de la uretra a nivel de la próstata, mejorando el chorro miccional y a veces disminuyendo la cantidad de micciones y el residuo de orina vesical posterior a la micción. Existe otra alternativa de tratamiento, el tratamiento hormonal (Finasteride) que bloquea la producción de una hormona a nivel de la próstata que es responsable del crecimiento del adenoma y en algunos casos mejora el síndrome obstructivo. Es bien tolerado por los pacientes, aunque en un 5% produce impotencia sexual.
Debe aclararse que todos los tratamientos medicamentosos son paliativos. El tratamiento definitivo sigue siendo el quirúrgico.
El tratamiento quirúrgico del adenoma de próstata consiste en la extirpación solamente del adenoma contenido dentro de la próstata y no de toda la glándula.
Dos son las vías de abordaje para la extirpación del adenoma de próstata. Por un lado la Resección Trans Uretral (RTU), que se realiza a través de la uretra y la otra, la cirugía a cielo abierto, esto es, mediante una incisión por debajo del ombligo.
Ambos tipos de intervenciones quirúrgicas tienen por objeto extirpar todo el adenoma o crecimiento anormal de la próstata; lo que soluciona la patología en forma definitiva.
La RTU del adenoma tiene como ventajas el hecho de que el acceso a la patología se realiza a través de un conducto natural, circunstancia que reduce los tiempos postoperatorios, tanto los correspondientes a internación, como los de recuperación y alta definitiva. Debe tenerse presente que este tipo de intervención tiene como límite de tiempo una hora de cirugía, por lo que es el de elección para los adenomas pequeños.
Para los adenomas más grandes, se recomienda la cirugía a través de una incisión abdominal, lo que cambia el postoperatorio, ya que la internación tiene una duración mayor y la recuperación total es más lenta.
Para los pacientes que presentan un adenoma de tamaño intermedio, el tratamiento puede ser abordado por ambas vías dependiendo de la experiencia, preferencia e instrumental con que cuente el médico urólogo.
Asimismo en la elección de la vía de abordaje, debe tenerse en cuenta la presencia de patologías asociadas como divertículos vesicales, cálculos vesicales, etc.
Luego de cualquiera de estos tipos de cirugías, el paciente sale con una sonda vesical que sirve tanto para la eliminación de la orina que llega a la vejiga como para efectuar un lavado continuo de la vejiga para librarla de la sangre que pueda acumularse en ella como consecuencia de la intervención. Normalmente cuando el paciente es dado de alta esta sonda es retirada y las micciones se producen en forma espontánea.
En la actualidad se han desarrollado diferentes alternativas mínimamente invasivas para el tratamiento del adenoma de próstata. Las opciones más alentadoras incluyen las diferentes variantes de utilización de energía láser, entre las que se incluyen la fotovaporización con láser verde (Láser KTP) y la enucleación prostática con láser de holmium (HoLEP). Estas opciones tienen como principal objetivo la disminución de gran parte de las complicaciones asociadas a los métodos tradicionales (sangrado, dolor, recuperación, etc.).
Existen otros tipos de intervenciones como la Termoterapia , Prótesis Intraprostáticas o Incisiones del Cuello Vesical que son solamente paliativas o utilizados en casos seleccionados.
La pregunta habitual de los pacientes es cuál es la consecuencia sexual de la operación de próstata, pues está difundido que el hombre operado de Hiperplasia de Próstata Benigna queda con disfunción sexual. Esto no es así pues esta intervención no tiene efecto sobre la erección ni el orgasmo, lo que sí sucede es que el paciente queda con eyaculación retrógrada, (el líquido seminal en vez de salir al exterior, va hacia la vejiga), producido porque junto con el adenoma de próstata se extirpa un esfínter que se cierra en el momento del orgasmo para que el líquido seminal sea expulsado al exterior. La consecuencia de la intervención quirúrgica es entonces que el paciente queda con un trastorno de fertilidad y no impotente. El líquido seminal que se acumuló en la vejiga es expulsado al exterior durante una micción normal.
Por otro lado vale aclarar que el hecho de haber recibido un tratamiento quirúrgico por un adenoma de próstata no elude la posibilidad de aparición de un cáncer de la próstata. El fundamento de esto radica en que los tratamientos quirúrgicos extirpan solamente el adenoma y no toda la glándula. Por lo tanto, en los pacientes operados por HPB, el remanente de glándula prostática normal debe someterse a control periódico como la glándula de cualquier hombre mayor de 50 años que no haya sido operado.
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