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Insuficiencia renal y trasplante

Por: Dr. Rubén Schiavelli
Médico Nefrólogo.
Jefe del Servicio de Nefrología y Trasplante Renal. Hospital Argerich. Buenos Aires.

INSUFICIENCIA RENAL

Se denomina de esta manera a la falta de capacidad del riñón para realizar sus funciones habituales. Entre estas se encuentran el filtrado de la sangre que llega al riñón y de esta manera desechar todos los residuos de la sangre, conservar las sales del organismo y brindar una adecuada concentración a la orina.

La forma de aparición de la insuficiencia renal puede ser súbita, denominada insuficiencia renal aguda o paulatina o progresiva denominada insuficiencia renal crónica.

INSUFICIENCIA RENAL AGUDA

La insuficiencia renal aguda (IRA) puede originarse como consecuencia de múltiples causas. Cualquier condición que disminuya de manera significativa el aporte de sangre hacia el riñón (accidentes o traumatismos severos, deshidratación extrema, obstrucción de las arterias del riñón) puede ser responsable de la falla aguda del riñón ya que en esta condición se produce una alteración a nivel de las estructuras del riñón que se encargan de concentrar la orina. Otras causas responsables de la aparición de IRA pueden ser los procesos infecciosos del riñón, las obstrucciones de la vía urinaria, más aún cuando son bilaterales, el síndrome nefrítico (condición que se produce por una alteración a nivel de una membrana que posee el riñón en la cual se produce el filtrado de la sangre) el síndrome urémico hemolítico, algunos medicamentos (nefrotóxicos) entre otras causas.

Son muy variados los síntomas que se asocian a la presencia de una IRA y entre estos podemos encontrar la disminución de la cantidad de la orina (oliguria) o la ausencia de emisión de orina (anuria), hinchazón o edemas generalizados debido a la retención de líquido, cansancio, alteración en la sensibilidad en las manos y los pies, somnolencia o confusión mental, nauseas y vómitos entre otros síntomas.

Ante la sospecha de una IRA además de una adecuada evaluación clínica deben realizarse una serie de estudios que permitan diagnosticar el cuadro y establecer la causa del mismo. La evaluación inicial habitualmente incluye un análisis de sangre en el cual se determinaran los valores de distintas sustancias que ayudan a diagnosticar la presencia de un cuadro de IRA. Entre las sustancias que habitualmente se analizan se encuentran la urea y la creatinina; estas sustancias presentes en la sangre constituyen indicadores del estado de funcionamiento del riñón ya que habitualmente un deterioro en la función de los mismos tanto en forma aguda como crónica genera elevación de los valores sanguíneos de la urea y la creatinina. Además pueden realizarse estudios por imágenes como la ecografía o la tomografía computada con el objetivo de identificar la causa que genera el cuadro de IRA.

Antes de instaurar el tratamiento de un cuadro de IRA es de suma importancia establecer la causa que la origina, tratarla si es posible y determinar su reversibilidad.

El tratamiento de la IRA debe prevenir o revertir la acumulación excesiva de líquidos en el cuerpo y de sustancias tóxicas en la sangre mientras los riñones reanudan su funcionamiento normal. Habitualmente un cuadro de IRA requiere internación.

Algunos casos de IRA pueden requerir de diálisis (ver más adelante) para eliminar el exceso de líquidos en el organismo y las sustancias tóxicas de la sangre.

La IRA es una condición habitualmente grave, que requiere de un tratamiento intensivo y puede en algunos casos causar la muerte más aún cuando la causa que la genera es una enfermedad grave. Es un cuadro muchas veces reversible aunque un grupo de pacientes puede progresar a una insuficiencia renal crónica con o sin necesidad de diálisis (ver más adelante).

INSUFICIENCIA RENAL CRÓNICA

Se denomina Insuficiencia renal crónica (IRC) a la pérdida gradual y progresiva de la capacidad del riñón para realizar sus funciones habituales. Durante el desarrollo de la IRC los riñones son incapaces de eliminar todos los desechos de la sangre en forma adecuada y son incapaces de realizar una correcta concentración de la orina. Estas sustancias tóxicas no eliminadas correctamente generan daño a nivel de diferentes estructuras del organismo.

Son múltiples las situaciones que pueden generar una cuadro de IRC y habitualmente se asocia a enfermedades que generan un deterioro progresivo y constante de los riñones. Entre las causas más frecuentes de IRC se incluyen la diabetes, la hipertensión arterial, la glomérulo nefritis, enfermedad renal poliquística, litiasis urinaria y en muchos casos la causa de la IRC es desconocida o idiopática.

La IRC puede evolucionar a un cuadro en el cual la función renal no es suficiente para mantener un mínimo equilibrio situación denominada enfermedad renal terminal.

Los síntomas que pueden aparecer ante un cuadro de IRC incluyen la pérdida de peso, nauseas, vómitos, malestar general, picazón (prurito), anemia, retención de líquidos con hinchazón o edema, alteración de la sensibilidad de manos y pies, mal aliento, pérdida del apetito, entre otros. Muchos pacientes pueden no desarrollar casi ningún síntoma previo a la aparición de IRC.

Ante la sospecha de una IRC además de una adecuada evaluación clínica deben realizarse una serie de estudios con el objetivo de confirmar la sospecha y eventualmente realizar el tratamiento adecuado. La evaluación habitualmente comienza con la realización de un análisis de sangre en cual se determinaran los valores de diversas sustancias que son indicadores indirectos del estado de la función renal (uremia, creatinina, potasio, etc.). El análisis de orina puede revelar la presencia de una cantidad excesiva de proteínas en la orina (proteinuria) entre otras anormalidades.

Los estudios por imágenes como la ecografía de los riñones o la tomografía computada pueden ayudar a determinar la causa que origina la IRC.

La IRC no tiene cura y el tratamiento de la misma consiste inicialmente en el control de los síntomas, manejo de las complicaciones y evitar o demorar la progresión de la IRC a una enfermedad renal terminal.

La enfermedad renal terminal tal como se explicara anteriormente es una condición en la cual los riñones no pueden realizar el mínimo mantenimiento del equilibrio que el organismo necesita para subsistir adecuadamente. Ante esta situación la diálisis y eventualmente el trasplante renal constituyen la única alternativa de tratamiento para estos pacientes. Es conveniente como consecuencia de las diversas alteraciones psíquicas que se pueden generar en estos pacientes a causa de esta enfermedad la ayuda de diversos grupos de apoyo que son de mucha utilidad para el manejo y atención de los pacientes con IRC.

DIÁLISIS

La diálisis también denominada tratamiento de sustitución renal es un tratamiento que se aplica cuando los riñones son insuficientes para mantener un adecuado equilibrio del organismo y no pueden eliminar las sustancias tóxicas presentes en la sangre.

La diálisis puede aplicarse en pacientes con enfermedad renal terminal o en aquellas situaciones en las cuales los riñones no pueden cumplir sus funciones en forma temporaria como por ejemplo la IRA o en algunos cuadros de intoxicación con determinadas sustancias.

Existen diferentes tipos de diálisis, por un lado existe la denominada diálisis peritoneal en la cual se utiliza como membrana de filtrado el peritoneo que es una membrana que recubre las vísceras del abdomen y a través de un intercambio de líquidos que se infunden por medio de un catéter ubicado dentro del abdomen se logra depurar las sustancias de desecho y el exceso de líquidos. Es una variante que puede realizarse en forma ambulatoria y diariamente.

La hemodiálisis, la variante más difundida es otro método mediante el cual se realiza la filtración de la sangre en un equipo especial (equipo de diálisis) que contiene una membrana o filtro que permite realizar la depuración de las sustancias tóxicas de la sangre. La sangre del paciente llega al equipo de diálisis a través de un catéter especial que se conecta a los vasos sanguíneos del paciente que permite un flujo importante de sangre. Esta es la forma habitual de manejo de diálisis temporarias o transitorias. En aquellos pacientes en los cuales se requiere del tratamiento con diálisis por tiempo prolongado se confecciona quirúrgicamente una unión entre una vena y una arteria denominada fístula arteriovenosa en la cual se conectará el catéter que lleva la sangre hacia el equipo de diálisis y luego de realizado el filtrado es devuelto al aparato circulatorio del paciente.

La hemodiálisis es un procedimiento que habitualmente se aplica 3 veces por semana durante un periodo de tiempo de alrededor de 3 horas según la necesidad de cada paciente. Durante el tiempo de diálisis el paciente habitualmente permanece recostado en un sillón especial o sillón de diálisis.

El médico nefrólogo y/o un técnico en hemodiálisis serán los encargados de realizar los ajustes necesarios en el equipo de diálisis para cada paciente en particular.

La diálisis es un procedimiento no exento de complicaciones a corto o largo plazo entre las cuales se incluyen la posibilidad de infecciones, hipotensión, calambres, nauseas, arritmias u otras enfermedades cardiovasculares, entre otros inconvenientes.

Todo paciente con enfermedad renal terminal que comienza a dializarse será evaluado para determinar la posibilidad de recibir un trasplante renal como tratamiento definitivo para su enfermedad.

TRASPLANTE RENAL

El trasplante renal (TR) es un procedimiento mediante el cual se implanta de forma quirúrgica un riñón sano en un paciente que padece de una enfermedad renal terminal

Desde el momento de aparición de la enfermedad renal terminal, momento en el cual el paciente requerirá de diálisis, se evaluará la posibilidad de realizar un trasplante de riñón, mientras esto evaluación se realiza el tratamiento de estos pacientes será la diálisis.

La donación del riñón puede ser a través de la donación de un órgano de una persona fallecida o donante cadavérico o de un donante vivo familiar (genéticamente relacionado) o no familiar (genéticamente no relacionado) como por ejemplo un conyugue. En el caso del donante cadavérico un riñón de dicho donante es implantado en un paciente con enfermedad renal terminal. En el caso de los donantes vivos, una persona con sus dos riñones en un estado normal de funcionamiento puede ofrecer la donación de un riñón a una persona que padezca de enfermedad renal terminal. La donación por parte de un donante vivo se realiza a través de un procedimiento quirúrgico bajo anestesia general mediante el cual se extrae el riñón del donante para ser implantado en el receptor. La cirugía puede ser una cirugía convencional a cielo abierto o se puede realizar un procedimiento laparoscópico.

Previo a la realización de un trasplante renal se realizan los estudios de compatibilidad que permitirán predecir la posibilidad que un receptor acepte desde el punto de vista inmunológico el órgano donado.

Previo a la realización de un TR el paciente candidato a recibir un órgano debe ser sometido a una exhaustiva evaluación médica y psicológica para determinar la posibilidad de recibir el trasplante y eventualmente realizar los tratamientos o correcciones quirúrgicas necesarias previas al TR según cada caso en particular. Esta evaluación previa es la misma ya sea para un paciente candidato a un trasplante con donante vivo o cadavérico.

El TR propiamente dicho es un procedimiento quirúrgico complejo que se realiza bajo anestesia general, en el cual se debe colocar quirúrgicamente un riñón donado en el cuerpo del receptor. Para esto se realiza una incisión en la parte baja del abdomen y luego se realiza la unión del las arterias y venas del órgano donado a las arterias y venas del receptor. Por otro lado se realiza la unión de la vía urinaria del riñón donado a la vía urinaria del receptor. Es importante destacar que en general y salvo casos excepcionales se trasplanta un solo riñón a cada receptor y que el lugar donde se coloca el órgano donado es diferente a la ubicación normal del riñón.

El TR es un procedimiento complejo que no se encuentra exento de complicaciones no solo por la complejidad de la cirugía sino por los tratamiento adicionales a los que el paciente debe someterse durante y luego de realizado el TR. Entre las complicaciones asociadas a la cirugía se encuentra entre otras la posibilidad de hemorragia, infecciones, fístulas (pérdida de orina) de la vía urinaria entre otras anormalidades.

En todo paciente en el cual se realiza un TR se debe instaurar un tratamiento de por vida que evite el rechazo del órgano trasplantado y que se conoce como tratamiento inmunosupresor. El rechazo se produce debido a que el organismo del receptor reconoce al órgano como extraño y el sistema inmunológico intenta rechazarlo, este el motivo por el cual se instaura el tratamiento inmunospresor. Cuanto mayor sea la compatibilidad genética entre el donante y el receptor menor será la posibilidad de rechazo. Este tipo de tratamiento puede predisponer a la aparición de infecciones que deben ser tratadas oportunamente o de enfermedades tumorales diversas, además el tratamiento inmunosupresor no está exento de efectos adversos de diversa índole.

El TR es la mejor alternativa de tratamiento para los pacientes con enfermedad renal terminal y ofrece los mejores resultados pronósticos. Los riñones donados pueden funcionar más de 10 a 15 años en la mayoría de los pacientes. Los riñones provenientes de donantes vivos relacionados son los que habitualmente mayor tiempo funcionan luego del TR.

Luego de un TR los receptores pueden realizar una vida totalmente normal y deben someterse a un seguimiento médico muy exhaustivo y estricto para poder lograr el éxito deseado.

Para mayor información www.incucai.gov.ar

 
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